LA FIEBRE ‘FASTER’: ¿DEMASIADOS ‘PODCAST’, AUDIOS…? ESCÚCHALOS A DOBLE DE VELOCIDAD

 LA FIEBRE ‘FASTER’: ¿DEMASIADOS ‘PODCAST’, AUDIOS…? ESCÚCHALOS A DOBLE DE VELOCIDAD

Confiesa: alguna vez le has dado a la tecla de doble velocidad para escuchar el audio de algún amigo. ¿Pero lo haces también con los podcasts? ¿Y con las series? Pues miles de personas lo hacen, cada vez más. Son los ‘fasters’. Una tendencia consecuente con la sociedad acelerada en la que vivimos, pero con una base científica y con interesantes —o inquietantes— consecuencias comerciales. Te lo contamos.

Cariño, ¿por qué me oigo en los audios como si fuera un loro?». «Porque has activado sin querer el ‘modo faster’ de WhatsApp, abuela, por eso escuchas todo mucho más rápido, al doble de velocidad», le digo. «¿Y eso para qué sirve?», me responde. Pues eso me pregunto yo… ¿para qué sirve? ¿Para ahorrar tiempo? ¿Para que le salga el check de ‘oído’ a la persona que te envía el audio y que no parezca que pasas de ella?

Primero fueron los mensajes en audios para evitar escribir; luego, el autodictado para evitar que los audios se eternizasen y, ahora, los audios x2. Es la ley del mínimo esfuerzo y la máxima efectividad, dictada por la urgencia en una era en el que, abrumados por los impactos y la disponibilidad de contenidos, parece que el tiempo no nos alcanza para verlo y escucharlo todo.

La velocidad media del habla es de unas 125 palabras por minuto; el cerebro humano puede llegar a procesar 800 por minuto

Esta tendencia en alza a escuchar mensajes, podcasts, audiolibros y hasta ver series al doble de velocidad va camino de convertirse en una filosofía de vida y sus acólitos ya tienen nombre: los fasters, amparados, en positivo, por haber crecido acostumbrados a la multitarea (aunque eso se limite a atender a varias pantallas en la vez) y sometidos, en negativo, a una ansiedad que llega a ser enfermiza, a juzgar por los datos de depresión entre los más jóvenes.

alternative textEscucha acelerada. Los usuarios que practican la ‘escucha acelerada’ argumentan que es como la lectura en diagonal. Muchos neurocientíficos alertan del peligro de ambas y han creado el término «impaciencia cognitiva» para explicar sus consecuencias, como la pérdida de capacidad crítica.

Hay ya demasiadas opciones para elegir, demasiado contenido como para seleccionar sólo uno… ¿cómo digerirlo todo? Pues acelerando el proceso. A doble velocidad. Pero ¿te enteras de algo? Pues depende. Los usuarios y defensores de la práctica de escuchar a doble de velocidad argumentan que es como la lectura en diagonal. No todo el mundo sabe o puede practicarla, pero para quienes han desarrollado la técnica y tienen un cerebro capaz de procesar lenguaje de forma rápida, resulta igual de operativo.

Y los fasters, además, se vuelven tan ‘adictos’ que no pueden volver a la velocidad normal —después de haberla puesto a 1,5X o incluso el doble— porque los vence la impaciencia.

¿Los avala la biología?

La neurocientífica Maryanne Wolf lo llama «impaciencia cognitiva».

«Cuando hacemos una lectura en diagonal, perdemos la capacidad crítica y hasta la empatía… Cuando ojeamos, que es lo que hacemos frente a la pantalla, ¡no utilizamos el lóbulo central! No analizamos de manera crítica».

A Wolf —que defiende la vuelta a la lectura en papel— la tendencia actual de escuchar audios o ver series a doble de velocidad ya incluso la excede. Pero su razonamiento acerca de esta nueva conducta sólo implica que para quienes la practican se duplica el riesgo de perder la capacidad de análisis y de esfuerzo. Hemos cambiado el tiempo de estudio y tacto de las páginas por la inmediatez y el ‘swipeo’ del dedo sobre la pantalla, dice. Se impone el ansia por llegar al final sin disfrutar del proceso. Pero no parece que sus recomendaciones vayan en la línea de los tiempos.

Escuchar audios a doble velocidad, incide en el riesgo que la neuróloga Maryanne Wolf ya atribuía a que leamos menos: se pierde la capacidad de análisis

David Chen, presentador y productor del podcast de cine y televisión Slashfilmcast, hizo recientemente una encuesta en la que preguntaba: «¿Alguna vez escuchas podcasts o miras televisión/películas a una velocidad más rápida de lo establecido?» De 1505 usuarios que respondieron, el 79 por ciento contestó: «No, es una abominación». Pero el 16 por ciento reconoció que lo hacía con los podcasts, y un 5 por ciento afirmó hacerlo no sólo con los podcasts, sino también con las películas y las series de televisión.

¿Están locos los fasters? ¿Son unos frikis enganchados al consumo digital? Pues no tanto. A los fasters los avala la biología.

A diferencia de las habilidades aprendidas como leer, escribir o hablar, la audición humana es una actividad natural que requiere un esfuerzo mínimo por parte de cualquier persona sin discapacidad física. La razón fisiológica por la que nuestra mente divaga mientras alguien nos cuenta una historia, incluso cuando tratamos de escuchar con atención, se debe a que el cerebro humano es capaz de procesar palabras a una velocidad mucho mayor de la que una persona puede hablar.

En respuesta al estrés auditivo, el cuerpo necesita hacer algo para controlar la adrenalina. En un bar: pedir otra ronda, comer más… Gastar más dinero

Según un estudio de la Universidad de Ohio, un adulto pasa aproximadamente el 70 por ciento de su tiempo comunicándose de una forma u otra: el 9 por ciento se dedica a escribir, el 16 a leer, el 30 a hablar y el 45 a escuchar. La velocidad media del habla es de unas 125 palabras por minuto; el cerebro humano puede procesar unas 800 en el mismo lapso.

¿Esto qué significa? Que una persona puede entender perfectamente un audio al doble de velocidad si quien habla lo hace a la velocidad correcta. La responsabilidad es del emisor, no del receptor. Se reduce la atención a la hora de hacer varias cosas simultáneamente, pero no el entendimiento en sí: si ves un capítulo al doble de velocidad, no importa tanto si no te pones a la vez a ver cosas en el móvil. No se percibe del mismo modo, claro está, se pierden algunos efectos sonoros de un podcast, como puede ser la música, para quedarse sólo con lo ‘importante’. Del mismo modo que puedes comer un plato sólo para conseguir nutrientes o puedes disfrutar de los sabores, pero el fin último es el mismo: alimentarse.

El sueño de crear más tiempo

Seth Horowitz, autor del libro El sentido universalcómo la audición da forma a la mente, sostiene que nuestro cerebro tarda al menos un cuarto de segundo en procesar el reconocimiento visual, pero puede reconocer un sonido en 0,05 segundos. Esta velocidad auditiva permitió que nuestros antepasados ​​escucharan el chasquido de una ramita en el bosque por la noche. Sin embargo —explica Horowitz en su libro—, estamos programados para desconectarnos del sonido no esencial, para que no resulte una sobrecarga sensorial. Una sobrecarga que nuestro cuerpo nota y ante la cual tiende a reaccionar.

Por ejemplo, ¿sabías que cuando estás en un bar, todo el ruido, el choque de vasos, el grito del cantinero, la pelea de una pareja en la mesa de al lado o un portazo activan el sistema de lucha o huida de nuestro cuerpo? En respuesta a eso, el cuerpo quiere hacer algo, cualquier cosa, para controlar la adrenalina que corre por sus venas. En este caso, en el bar, eso significa gastar dinero. Comer más, pedir otra ronda.

El estudio de Horowitz no ha podido pasar inadvertido para los expertos en marketing, obviamente. La velocidad a la que escuchamos está relacionada con el comportamiento y, en consecuencia, con el consumo.

¿Escuchar un podcast al doble de velocidad nos hace tener más ganas de comprar? A falta de estudios específicos, un dato hizo saltar la liebre…

Laura Gaines, vicepresidenta de Prime Image, un fabricante de dispositivos que acorta las grabaciones de audio y vídeo, informó que algunas emisoras estaban usando esa tecnología para incluir más anuncios en el mismo bloque de tiempo. Resulta que no era un fenómeno aislado. ‘Crear más tiempo’ es el propósito de varias nuevas aplicaciones tecnológicas que permiten a los oyentes acelerar el ritmo de escucha y a los productores de contenido crearlo ya con eso en mente. Lo de la publicidad subliminal no sólo se ha sofisticado con los años, sino que se ha acelerado. Y amenaza con hacerlo aun más.

Fuente/ ABC.

Valentina Barbieri Madero