El marketing digital cosecha seguidores en el mundo vinícola

 El marketing digital cosecha seguidores en el mundo vinícola

Los resultados de las catas tienen repercusión en redes sociales.

Las nuevas tecnologías descorchan los secretos de la uva a las últimas generaciones de winelovers.

Cada vez son más las empresas y organizaciones que han apostado por volcar sus esfuerzos en darse a conocer y aprovechar las posibilidades que ofrecen las herramientas tecnológicas. Uno de los ámbitos que han dado el salto hacia el marketing digital son las bodegas, siempre tan celosas, por su propia esencia, de los procesos lentos, el saber hacer acumulado y la tradición.

«Venimos de un sector que pecaba de ser demasiado inmovilista y mantenerse anclado al pasado. No obstante, durante los últimos años, un grupo de bodegas han optado por incorporar a personas jóvenes en sus departamentos de comunicación», desvela el ingeniero técnico en industrias agroalimentarias, Alejandro Simó.

El diseño de etiquetas y envoltorios identifica a las bodegas en los certámenes.

Según el experto, esta nueva tendencia ha traído consigo un «cambio radical» en las estrategias comunicativas de las bodegas.

«Solo hay que fijarse en las redes sociales de las marcas más punteras del momento, repletas de contenido con storytelling y dinamismo. Esto se debe a que nos hemos dado cuenta de que necesitábamos acercarnos a la población joven», analiza.

No sorprende, por tanto, el auge de las agencias especializadas en el marketing vinícola. Algunos de los servicios que ofrecen son la organización de eventos relacionados con el vino y la gastronomía, la construcción de una identidad digital o la gestión de la imagen corporativa. «Algunas agencias van más allá, como aquellas que crean etiquetas transgresoras y llamativas. O las que se centran en diseñar packagings impresionantes», afirma Simó.

Las agencias especializadas en el marketing vinícola ofrecen organización de eventos relacionados con el vino y la gastronomía, la construcción de una identidad digital o la gestión de la imagen corporativa.Sin embargo, el técnico considera que esta preocupación al alza por la comunicación online podría convertirse en un «arma de doble filo».

«Ciertas bodegas recién surgidas lo basan absolutamente todo en el marketing, sin nada real que lo sustente por detrás. Nunca debemos olvidar que lo primero que debe haber es un vino de calidad», puntualiza.

LAS CAUSAS DEL MOVIMIENTO


Simó atribuye esta corriente a la influencia de los productores de nuevo cuño. Bodegas radicadas en países fuera de Europa, como Argentina, Estados Unidos, Chile, Australia, Sudáfrica o Nueva Zelanda. De hecho, el propio Simó fue una de las personas que tuvieron la oportunidad de viajar y formarse en el exterior; una experiencia que marcada por los contrastes culturales y de hábitos.

«Las bodegas de lugares como California o Australia hace años que permanecían abiertas al público, lo que contribuía a incrementar el número de ventas y favorecía además el interés y el aprendizaje sobre el mundo vinícola», relata. Este episodio supuso un gran choque en comparación con las bodegas cerradas a cal y canto que eran lo usual por estos lares.

Otra de las sorpresas se produjo durante una visita a Nueva Zelanda: «Me quedé alucinado al encontrarme a la mayoría de jóvenes de unos 20 años tomándose una copa de vino blanco en un bar, en lugar de la típica cerveza», recalca. «En nuestro territorio aún predomina el perfil de consumidor de edad superior a los 40 años; me gustaría ver a más personas veinteañeras años disfrutando del vino también aquí».

BARRERAS Y DESAFÍOS DEL MARKETING VINÍCOLA


«A corto plazo, el reto principal es que las bodegas entiendan de una vez que la comunicación es fundamental», señala Simó. Resulta imprescindible transitar del hermetismo a la apertura, en el sentido más amplio de la palabra.»Por otra parte, tendremos que enseñar a la sociedad a paladear las copas y educarla en el consumo del vino». Unos hábitos de consumo que, hasta la fecha, han estado rodeados de prejuicios y estereotipos. «El vino es un placer que no tiene por qué ir ligado a borracheras, bares y calles abarrotadas. Es mucho más», manifiesta. Las botellas, el corcho, la misma copa, los maridajes, contienen su propia álgebra; un relato gratificador y apasionante que conviene difundir para que sea correctamente interpretado y aprovechado.

El marketing digital puede resultar vital para trasmitir esos códigos, pero también presenta inconvenientes. Entre ellos, la exigencia de actualización constante, además de los costes económicos que conlleva la actividad.

«La perfección en esta materia parece reservada para las grandes corporaciones con capacidad de invertir millones de euros al año. Aunque, para mí, contar con una estrategia de marketing que sea acertada y un buen vino suponen un punto de partida más que favorable», concluye el experto. La perfección es una cosa, el acierto en el punto de partida, otra.

Fuente/ Noticias de Gipuzcoa.

Valentina Barbieri Madero